Miami
Estados Unidos
Año I Nº 5/6

Escríbanos    

 

Publicada por Poemas.Net

Director Ejecutivo

Patricio E. Palacios

Directora de Redacción

Maricel Mayor Marsán

Asesor Técnico

Daniel Berdeguer

Asesores de Arte

Carlos Quevedo
Mauricio Saldarriaga

[FrontPage Save Results Component]

Boletín Informativo

Reciba por correo electrónico una síntesis de las principales noticias literarias


CDnow
 

 

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA Y EL ROMANTICISMO EUROPEO.

por

Leonardo Fernández-Marcané, Ph.D., J.D.
________________________________________________

       
        Los  autores están de acuerdo tanto en la excelencia de la obra de “La Peregrina” como en su inspirado estro y en su asimilación de las corrientes literarias que prevalecían en la época. Contando apenas veinticinco años, gana asiento la nativa de Puerto Príncipe en los salones peninsulares de tan difícil acceso en ocasiones, desenvolviéndose  como en tierra propia en estos cenáculos de escogidos.

            “La carta de presentación a su favor enviada desde Cádiz por don Alberto Lista a Juan Nicasio Gallego, parece entreabrirle esas puertas casi cerradas para los forasteros; pero armada además con las credenciales de su belleza y femenino atractivo, consiguió la amistad de grandes escritores, alguno tan sobresaliente como el poeta Quintana, y una lectura de sus versos, efectuada por José Zorrilla en el Liceo de Madrid, la incorporó sorpresiva y victoriosamente a este círculo literario ya famoso a pesar de lo reciente de su fundación. En todas partes, a sus dotes personales y artísticas, llegaba con lo peculiar y curioso de cierto exotismo, el de ser la bella cubana”.(1)

            Emilio Cotarelo y Mori, su biógrafo, la proclama “no solamente la primera poetisa de España, sino una de las más grandes, acaso la más, entre las que han sobresalido en todo el mundo, en los géneros lírico y dramático”.(2) Y al propio tiempo E. Allison Peers abunda en esta afirmación exponiendo que “cuando Gertrudis Gómez de Avellaneda… que había de convertirse en una de las mas grandes escritoras españolas, hizo su primera presentación… la hizo como sencilla adepta a las nuevas modas literarias… antes de que en 1841 apareciera su primera colección de versos, ya había contraído todas las características del arte romántico”.(3) Este famoso investigador señala seguidamente que la criolla fue influida por Byron, Hugo, y Lamartine, entre otros, opinión sostenida también por Enrique Piñeyro en su obra sobre el romanticismo español.(4) El profesor Raimundo Lazo reitera los anteriores influjos, a los que añade la ascendencia en la cubana de dos figuras femeninas: “Dos mujeres escritoras ejercieron entonces las más poderosas influencias en la católica hija de Cuba: Madame Stael y Jorge Sand”.(5) Influjo este que ha subrayado en diversas ocasiones nuestro colega mexicano, el  profesor Alberto J. Carlos, extendiéndose en otros casos a novelistas como Walter Scott.(6)

            Si nuestra estudiada captó en su extensa obra tantos soplos de inspiración romántica, vale la pena examinar el desarrollo que esta escuela tuvo en el Viejo Continente para ser antecedente orgánico y reflejo profundo que dejó marcada huella en la apasionada creación de la Avellaneda. A muchos vaivenes ha estado sometida la actitud romántica; innumerables han sido las definiciones que han tratado de abarcar el contenido y alcance del vocablo en cuestión, dando lugar a diferentes controversias: “El término romanticismo, por circunstancias que ya se verán, concluyó finalmente por no significar nada y ha sido el responsable de las ambigüedades con que todavía se distingue esta escuela. Cuando Víctor Hugo dijo de él en 1869, `mot vide de sens, imposé par nos ennemis et dedaigneusement accepté par nous’, exagera según su sistema, pero también acierta, puesto que, en puridad, románticos debieran serlo cuantos practican las lenguas romances, o bien, peyorativamente los noveleros, como así se entendió a partir del siglo XVI por `romanesques’, término entonces sinónimo del carácter español”.(7)

          El movimiento que nos ocupa ha eludido la persecución de los autores deseosos de precisarlo, contentándose éstos con exponer características generales que abarquen el mayor grado de factores y elementos comunes posibles. Arthur O. Lovejoy, luego de dar copiosos ejemplos de los diversos conceptos y acepciones de `romántico’, concluye que “the result is a confusion of terms and of ideas, beside which, that of a hundred years ago… seems pure lucidity. The words `romantic’, has come to mean so many things that, by itself, it means nothing. It has ceased to perform the function of a verbal sign”.(8) Dejando a un lado los afanes definitorios, la tendencia romántica se establece para nuestro propósito, y en el campo literario, entre mediados del siglo XVIII, si se tienen en cuenta ciertas influencias prerrománticas, y mediados del siglo XIX, atendiendo a los últimos destellos o rezagos de la escuela. Así la sitúa Paul Van Tieghem reduciéndola más tarde al apuntar: “Mais le romantisme proprement dit, celui auquel est consacrée la majeure part de ce volume, n’éclot que sur quelques points a l’extreme fin du XVIIIme siecle, et a donné a peu pres tous ses fruits vers 1850”.(9) Al fenómeno literario romántico se le suman factores históricos, sociopolíticos y económicos que lo complican y oscurecen. La ausencia, señalada por los estudiosos, de un romanticismo europeo general, simultáneo en tiempo y espacio, uniforme en sus manifestaciones y campos trillados, es hoy en día aceptada. Arnold Hauser aclara en su Historia social del arte, las fases de un desarrollo romántico abarcador, sucesivo, con diversas altibajas, dispares fuentes y motivaciones: “It was ascertained that the development followed different directions in Germany and Western Europe… This account of the situation was intrinsically correct”.(10) Alegando seguidamente que el romanticismo “was not merely a universal European movement, seizing one nation after another and creating a universal literary language… it also proved to be one of those trends which… have remained a lasting factor in the development of art”.(11)