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Rompecabezas
La enredadera de matas de agua
cubre el muro que adivino detrás de la misma, porque es tan tupida
que no lo deja ver. Levanto una parte de la misma y veo un paisaje
pequeñito en movimiento: el tren de humo y metales crujientes pasa
por las vías de un paisaje remoto y polvoriento. Se dirige a un
pueblo pequeño y aislado, quizás. Después de pasar el tren, toco
con mis dedos las vías de miniatura; se sienten duras y metálicas;
son reales. Bajo la enredadera y el paisaje queda oculto, detrás de
las hojas verdes. Camino unos pasos y levanto otra parte de las
hojas con sus tallos; otro paisaje en actividad se nota, pero no
recuerdo cuál. Lo observo un rato. Me canso de la labor.
Geografía
Mi doble y yo -a veces hay una
tercera persona- miramos el campo verde frente a nosotros y nos
damos cuenta que dónde pisar y dónde ir es muy importante. Estamos
situadas en una vereda estrecha y nos preparamos para caminar en el
área verde del campo. Cuando ella la pisa -yo aguardo en la vereda-
el campo verde desaparece y es un desfiladero enorme de piedras áridas
y terrosas. Agarro a mi amiga por la mano para que no caiga.
Caminamos un poco más por la vereda y es otro día. La
geografía y la hora del día cambian continuamente, las cosas
aparecen y desaparecen como espejismos; es una realidad proteica e
inesperada.
Nos encontramos frente a una montaña de tierra negra con áreas
de nieve e hielo. Empezamos a subir
pero es un valle con yerba alta y árboles a la distancia.
Sopla una brisa de temprano verano. Me detengo, insegura de qué hará
la tierra con mi próximo paso. Puede abrirse un océano a mis pies,
o puedo estar bajando la montaña por un lado escarpado. Le digo a
mi doble que dudo que podamos llegar a algún sitio de esta manera.
Nos mantenemos muy juntas; creo que tengo una estola sobre los
hombros, para protegerme del frío interior. Me doy cuenta de que
queremos llegar a cierto sitio, pero no sé cuál.
Un ser muy delgado y musculoso, con el cuerpo untado en
aceite o que supuraba una cera liviana aparece de súbito y me dice
que tienen -él y otros de su clase- tecnología muy avanzada y si
quisiera podrían aniquilarnos inmediatamente. No me da tiempo a
reaccionar. No lo noto cuando desaparece; hay un objeto metálico
cilíndrico a nivel casi del suelo; sé que vuela. Desaparece como
una pequeña explosión.
Mi doble y yo continuamos nuestros esfuerzos. Es otro día y
estamos en el interior de una habitación que conocemos. Es
posiblemente la nuestra, pero nada está igual, el gavetero o mesita
están en otro sitio y el piso es de madera. Sé que es importante
notar estos cambios y no seguir en el diario vivir sin observarlos.
Somos arqueólogas del sueño. No sé cómo, pero llegamos a donde
íbamos.
Hogar
Es un mundo oscuro, enmarañado.
El interior de una casa amplia, pero iluminada por una luz indirecta,
como de velas o lámpara muy atenuadas. Hay decoraciones en las
paredes y en el piso cerca de las paredes. Las decoraciones son muy
grandes, esculturas cubiertas por redes o mallas de acrílico. Hay
un comedor, una mujer se acerca, parece ser la escritora Sandra
Cisneros. No estoy sola, tengo pareja. Es un doble o un esposo. Hay
cierto aspecto intolerable en la casa; no están bien puestas las
cosas, hay demasiadas; es un conjunto sofocante, imposible de
mantener. Hay penumbra, muchos muebles, manteles plásticos (que
detesto), plantas grandes, cosas que cuelgan del techo; lámparas o
chimes.
Nos invitan a pasar la noche en esa casa. Es sólo una noche,
nos dicen. Nos dejan solos en el dormitorio. Todo es enmarañado,
hay algo raro y elaborado con el techo, me acerco y veo que lo
cubren panales de avispas; se mantienen en el plafón, la gente que
vive ahí está acostumbrada a ellas. La luz arroja sombras sobre la
colcha de la cama, que imagino polvorienta y calurosa. Le digo a mi
pareja, "No veo cómo vamos a poder dormir aquí. Ni siquiera
una noche."
El
gato vampiro
Camino, camino, rápido,
aceleradamente, desde Playa Sardinera al cementerio viejo de Arecibo.
Grandes charcos de agua o gasolina en el camino, que evado
diestramente. Voy a mi casa, que por alguna razón es en Arecibo.
Cargo mi cartera, visto de colores, predomina el rojo.
Un gato gris, vampiro, me acecha en los arbustos de la
carretera, cerca de lugares donde venden automóviles. Se acerca a
morderme las piernas, lo aparto con los pies. No le hago caso. Sigo
caminando rápido, a orillas de la carretera, no pienso en él. No
se ha ido. En otro paraje se me enreda en las piernas para aruñarme
y morderme. Me asusto un poco de que no me deje tranquila; está
determinado a morderme. Le doy una fuerte patada y lo hecho a un
lado. Sigo caminando y me olvido nuevamente de él. Ya estoy en el
pueblo, por la zona que llaman San Luis; en un lugar donde se
bifurca la carretera, como una encrucijada. Sale el gato de nuevo,
siempre por la izquierda. Quiero patearlo pero las piernas no me
responden; están paralizadas. Ahora lo tengo al frente; le veo bien
los ojos, no delatan nada, sólo su disposición de atacarme. Todo
desaparece; los edificios, la carretera. Es el gato gris y yo. Le
voy a dar pelea; no me voy a dejar vencer. Corre hacia mí para
abalanzarse. Lo espero quieta, inclinando un poco el cuerpo hacia
adelante.
Experimento
Un planeta rocoso, pero de
cristal de roca. . Un nombre, quizá del planeta, se sugiere: Piryta
o Pyradine. Camino a unas piedras muy bellas, en franjas negras y
amarillas. Tomo una. Le aplicamos temperaturas extremadamente altas;
creo que somos geneticistas. La roca se derrite como jelly, pero no
es líquida. Se convierte en una forma de bebé que se sienta y
mueve los brazos. No es normal; no tiene ojos, es ciego; quizá
sordo; no tiene boca, no puede hablar. Creo que es terrible lo que
ocurre, intolerable. La temperatura baja y vuelve poco a poco a ser
piedra, como antes; lisa, casi ovalada. Respiro aliviada.
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|  Myrna Nieves nace
en Puerto Rico y vive en Nueva York desde 1972. Tiene un B.A. en
Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, un M.A. en
Español de Columbia University y un Ph.D. en Literatura
Latinoamericana de New York University. Es catedrática y miembro
fundador de Boricua College, donde dirige por doce años la Serie
Invernal de Poesía. Es columnista mensual del periódico-revista
Nosotros los latinos. Su obra se ha publicado en The
Poetry Project, And Then y Brújula/Compass. En 1990 co-edita la
colección bilingüe de prosa y verso Tripartita: Earth,
Dreams, Powers. En 1997 la Editorial de la
Universidad de Puerto Rico publica su libro Libreta de sueños
(narraciones). En 1998 el periódico El Diario
La Prensa, de Nueva York, la selecciona una de las 50 latinas más
destacadas de Estados Unidos. Recibe el segundo premio de cuento del
PEN Club de Puerto Rico en 1998. En 1990 el Nuyorican Poets Café
presenta su drama Directory of Dreams. En 1999, la III
Feria Internacional del Libro de Puerto Rico le brinda a ella y a
varias escritoras, un homenaje por su labor literaria y cultural. En
el 2000 publica su obra, junto a otras escritoras, en la publicación
de prosa y verso Moradalsur.
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