Miami
Estados Unidos
Año I Nº 5/6

Escríbanos    

 

Publicada por Poemas.Net

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Cartas a la noche:
cinco viñetas de sueños

por

Myrna Nieves


Rompecabezas

            La enredadera de matas de agua cubre el muro que adivino detrás de la misma, porque es tan tupida que no lo deja ver. Levanto una parte de la misma y veo un paisaje pequeñito en movimiento: el tren de humo y metales crujientes pasa por las vías de un paisaje remoto y polvoriento. Se dirige a un pueblo pequeño y aislado, quizás. Después de pasar el tren, toco con mis dedos las vías de miniatura; se sienten duras y metálicas; son reales. Bajo la enredadera y el paisaje queda oculto, detrás de las hojas verdes. Camino unos pasos y levanto otra parte de las hojas con sus tallos; otro paisaje en actividad se nota, pero no recuerdo cuál. Lo observo un rato. Me canso de la labor.


Geografía

            Mi doble y yo -a veces hay una tercera persona- miramos el campo verde frente a nosotros y nos damos cuenta que dónde pisar y dónde ir es muy importante. Estamos situadas en una vereda estrecha y nos preparamos para caminar en el área verde del campo. Cuando ella la pisa -yo aguardo en la vereda- el campo verde desaparece y es un desfiladero enorme de piedras áridas y terrosas. Agarro a mi amiga por la mano para que no caiga.  Caminamos un poco más por la vereda y es otro día. La geografía y la hora del día cambian continuamente, las cosas aparecen y desaparecen como espejismos; es una realidad proteica e inesperada.
            Nos encontramos frente a una montaña de tierra negra con áreas de nieve e hielo. Empezamos a subir  pero es un valle con yerba alta y árboles a la distancia. Sopla una brisa de temprano verano. Me detengo, insegura de qué hará la tierra con mi próximo paso. Puede abrirse un océano a mis pies, o puedo estar bajando la montaña por un lado escarpado. Le digo a mi doble que dudo que podamos llegar a algún sitio de esta manera. Nos mantenemos muy juntas; creo que tengo una estola sobre los hombros, para protegerme del frío interior. Me doy cuenta de que queremos llegar a cierto sitio, pero no sé cuál.
            Un ser muy delgado y musculoso, con el cuerpo untado en aceite o que supuraba una cera liviana aparece de súbito y me dice que tienen -él y otros de su clase- tecnología muy avanzada y si quisiera podrían aniquilarnos inmediatamente. No me da tiempo a reaccionar. No lo noto cuando desaparece; hay un objeto metálico cilíndrico a nivel casi del suelo; sé que vuela. Desaparece como una pequeña explosión.
            Mi doble y yo continuamos nuestros esfuerzos. Es otro día y estamos en el interior de una habitación que conocemos. Es posiblemente la nuestra, pero nada está igual, el gavetero o mesita están en otro sitio y el piso es de madera. Sé que es importante notar estos cambios y no seguir en el diario vivir sin observarlos. Somos arqueólogas del sueño. No sé cómo, pero llegamos a donde íbamos.



Hogar

            Es un mundo oscuro, enmarañado. El interior de una casa amplia, pero iluminada por una luz indirecta, como de velas o lámpara muy atenuadas. Hay decoraciones en las paredes y en el piso cerca de las paredes. Las decoraciones son muy grandes, esculturas cubiertas por redes o mallas de acrílico. Hay un comedor, una mujer se acerca, parece ser la escritora Sandra Cisneros. No estoy sola, tengo pareja. Es un doble o un esposo. Hay cierto aspecto intolerable en la casa; no están bien puestas las cosas, hay demasiadas; es un conjunto sofocante, imposible de mantener. Hay penumbra, muchos muebles, manteles plásticos (que detesto), plantas grandes, cosas que cuelgan del techo; lámparas o chimes.
            Nos invitan a pasar la noche en esa casa. Es sólo una noche, nos dicen. Nos dejan solos en el dormitorio. Todo es enmarañado, hay algo raro y elaborado con el techo, me acerco y veo que lo cubren panales de avispas; se mantienen en el plafón, la gente que vive ahí está acostumbrada a ellas. La luz arroja sombras sobre la colcha de la cama, que imagino polvorienta y calurosa. Le digo a mi pareja, "No veo cómo vamos a poder dormir aquí. Ni siquiera una noche."


El gato vampiro

            Camino, camino, rápido, aceleradamente, desde Playa Sardinera al cementerio viejo de Arecibo. Grandes charcos de agua o gasolina en el camino, que evado diestramente. Voy a mi casa, que por alguna razón es en Arecibo. Cargo mi cartera, visto de colores, predomina el rojo.
            Un gato gris, vampiro, me acecha en los arbustos de la carretera, cerca de lugares donde venden automóviles. Se acerca a morderme las piernas, lo aparto con los pies. No le hago caso. Sigo caminando rápido, a orillas de la carretera, no pienso en él. No se ha ido. En otro paraje se me enreda en las piernas para aruñarme y morderme. Me asusto un poco de que no me deje tranquila; está determinado a morderme. Le doy una fuerte patada y lo hecho a un lado. Sigo caminando y me olvido nuevamente de él. Ya estoy en el pueblo, por la zona que llaman San Luis; en un lugar donde se bifurca la carretera, como una encrucijada. Sale el gato de nuevo, siempre por la izquierda. Quiero patearlo pero las piernas no me responden; están paralizadas. Ahora lo tengo al frente; le veo bien los ojos, no delatan nada, sólo su disposición de atacarme. Todo desaparece; los edificios, la carretera. Es el gato gris y yo. Le voy a dar pelea; no me voy a dejar vencer. Corre hacia mí para abalanzarse. Lo espero quieta, inclinando un poco el cuerpo hacia adelante.


Experimento

            Un planeta rocoso, pero de cristal de roca. . Un nombre, quizá del planeta, se sugiere: Piryta o Pyradine. Camino a unas piedras muy bellas, en franjas negras y amarillas. Tomo una. Le aplicamos temperaturas extremadamente altas; creo que somos geneticistas. La roca se derrite como jelly, pero no es líquida. Se convierte en una forma de bebé que se sienta y mueve los brazos. No es normal; no tiene ojos, es ciego; quizá sordo; no tiene boca, no puede hablar. Creo que es terrible lo que ocurre, intolerable. La temperatura baja y vuelve poco a poco a ser piedra, como antes; lisa, casi ovalada. Respiro aliviada.




Myrna Nieves nace en Puerto Rico y vive en Nueva York desde 1972. Tiene un B.A. en Literatura Comparada de la Universidad de Puerto Rico, un M.A. en Español de Columbia University y un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de New York University. Es catedrática y miembro fundador de Boricua College, donde dirige por doce años la Serie Invernal de Poesía. Es columnista mensual del periódico-revista Nosotros los latinos. Su obra se ha publicado en The Poetry Project, And Then y Brújula/Compass. En 1990 co-edita la colección bilingüe de prosa y verso Tripartita: Earth, Dreams, Powers. En 1997 la Editorial de la Universidad de Puerto Rico publica su libro Libreta de sueños (narraciones). En 1998 el periódico El Diario La Prensa, de Nueva York, la selecciona una de las 50 latinas más destacadas de Estados Unidos. Recibe el segundo premio de cuento del PEN Club de Puerto Rico en 1998. En 1990 el Nuyorican Poets Café presenta su drama Directory of Dreams. En 1999, la III Feria Internacional del Libro de Puerto Rico le brinda a ella y a varias escritoras, un homenaje por su labor literaria y cultural. En el 2000 publica su obra, junto a otras escritoras, en la publicación de prosa y verso Moradalsur.